Frías pertenece a la comarca burgalesa de Las Merindades. Su denominación oficial es 'Ilustrísima' Ciudad pese a que no llega a los 300 habitantes, lo que la convierte en la ciudad con menor población de España. O sea, una 'micrópolis'. Tal galón le viene de su larga historia que arranca, documentalmente, el año 867, en plena reconquista. Formó parte primero del reino de Pamplona antes de caer bajo órbita castellana. El viajero que llega siguiendo la carretera paralela al río Ebro por su orilla alavesa, visualizará el valor estratégico de Frías como punto de transición entre la meseta y los puertos cantábricos. El imponente castillo con su torre del homenaje, emblema de la ciudad, data de aquellos años de pujanza en que llegó a tener hasta once iglesias y una importante judería.
Junto con la fortaleza, el principal elemento patrimonial de Frías es su puente de nueve ojos: casi 150 metros de calzada con la gran torre almenada en su mitad. Desde el siglo XIV esta torre servía como puesto de control sobre el Ebro y para el cobro del 'pontazgo', impuesto por cruzar determinados puentes. Y alrededor del castillo y el puente, un urbanismo de trama medieval entre murallas con pesadas puertas y casas colgantes.
Mañana, domingo, es la Fiesta del Capitán en Frías. Por la mañana, tras la denominada Misa del Capitán, una comitiva de caballeros, jinetes, portaestandartes, autoridades y músicos recorrerá el pueblo haciendo tremolar su bandera en diferentes puntos, de forma similar a como se ejecuta hoy, víspera de San Juan, en Laguardia. Y por la tarde, la tradicional Jota de San Juan marcará el acto más importante de la fiesta.
La Fiesta del Capitán se llama así porque la protagoniza un personaje que encarna el poder popular contra los señores feudales que intentaron dominar la villa. Sin embargo, su vestimenta no tiene mucho que ver con la época medieval: chaqueta de corte napoleónico con botonadura y charreteras, pantalón blanco y sombrero de dos picos. Transmito mi extrañeza a un grupo de lugareños, y me contestan que la fiesta «conmemora la rebelión del pueblo contra el poder feudal, sí, pero también la liberación de Frías durante la guerra de Independencia».
Para completar nuestra escapada, sepamos que en la vecina Tobera se encuentran las cascadas del río Molinar. El paseo por el desfiladero está muy bien señalizado y nos podemos dar un chapuzón como hace mucha gente en la zona. Un plan ideal para un día de verano.
(DIARIO VASCO)
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