Jaime Velázquez
Johannesburgo, 15 jun.- Como hizo Sudáfrica con
el Mundial de Fútbol de 2010, que cambió la cara urbana del país,
Brasil podría aprovechar su Copa del Mundo de 2014 para mejorar sus
ciudades, dijo la diseñadora sudafricana Zahira Asmal en una entrevista
con Efe.
Asmal, que ha trabajado con arquitectos tan reputados
como el británico David Adjaye, es la editora del libro "Reflexiones y
oportunidades: diseño, ciudades y la Copa del Mundo", presentado esta
semana en Johannesburgo.
La obra recopila las recetas del éxito de
Sudáfrica que pueden ser válidas para Brasil de cara a enriquecer sus
espacios urbanos, según la autora, cuyos trabajos se han publicado en
países como el Reino Unido, España, Sudáfrica, Portugal, Italia o Japón.
La
publicación parte del análisis de las transformaciones que experimentó
Sudáfrica gracias a la organización de la Copa del Mundo de Fútbol de
2010, para convertir ese torneo de relevancia internacional en un
acontecimiento más allá de lo deportivo.
La mejora de
infraestructuras y la revitalización de Soweto, antiguo gueto negro de
Johannesburgo, gracias al estadio donde se jugó la final del Mundial,
que ganó España, son algunas de las experiencias que, según Asmal,
pueden servir para que el gigante sudamericano cambie sus ciudades para
siempre.
"Brasil y Sudáfrica, pese a que son muy distintas, tienen
algo en común: las favelas y los "townships" (asentamientos
improvisados) y su separación de las zonas de clase media", explicó la
diseñadora, que visitó el país latinoamericano para conocer de primera
mano sus ciudades y los proyectos de la Copa del Mundo de Fútbol.
"Sudáfrica
-explicó- ha sido un país segregado, pero la Copa del Mundo nos sirvió
para acercarnos como nación y hacer nuestras ciudades más integradoras y
democráticas gracias al diseño y los proyectos del Mundial".
En
Johannesburgo, recordó la autora, la construcción del estadio Soccer
City en Soweto, supuso también la remodelación de una zona deprimida que
hoy se encuentra entre las más visitadas del país por los turistas.
"Johannesburgo
-señaló- es una ciudad sin un centro, pero gracias al Mundial se ha
comenzado a rehabilitar el distrito financiero, abandonado tras el
apartheid, y los nuevos trenes e infraestructuras han empezado a crear
espacios de convivencia y la inclusión de una parte de la población
marginada durante décadas".
El libro, que también ha llegado a las
librerías de Brasil, está escrito en inglés y portugués, y cuenta con
la participación de arquitectos, urbanistas y diseñadores.
Además,
el volumen está ilustrado con las fotografías de David Goldblatt, uno
de los principales cronistas gráficos del apartheid, el sistema de
segregación racial ideado por la minoría blanca que imperó durante
cuatro décadas, hasta 1994, en Sudáfrica.
"Es complicado decirles a los brasileños que pueden aprender algo de África,
pero creo que es beneficioso que vean nuestras experiencias y que la
Copa del Mundo no se trata sólo de estadios", indicó Asmal.
El
Gobierno de Sudáfrica invirtió más de 2.650 millones de euros, de los
que cerca de 935 millones fueron a parar a la construcción de
instalaciones deportivas y la remodelación de espacios urbanos.
Asmal,
directora de la compañía Designing South Africa, lamentó que el
Gobierno brasileño no esté aprovechando, a su juicio, las posibilidades
de transformación que ofrece un evento deportivo de tal magnitud.
"La
principal lección que podemos darle a los brasileños es que sientan la
Copa del Mundo como suya, que sientan que es una forma de decir al
mundo: esto somos nosotros. No he visto esa ilusión en Brasil", aseguró
la diseñadora sudafricana.
Además, concluyó Asmal, "no hay un
proyecto de diseño de ciudades, ni de creación de espacios de encuentro e
identidad nacional. Pero aún están a tiempo...".
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